Junto a nuevos clientes, amigos y emprendedores locales, Laura López Oestman compartió infusiones de algarroba mientras la caja de Mi Avío desplegó sabores desconocidos y Rico con Algarroba compartió sus alfajores. Fue una tarde apacible donde las delicias de pastelería y el café caliente tejieron una red de pertenencia y sorpresas.
El Café Fernando inició la tarde recibiendo nuevas visitas que querían conocerlo y pasar una tarde apacible con sus delicias de pastelería. No fueron las únicas en acercarse, porque también hubo caras amigas, habitués y seguidores del espacio y de una historia que nos atraviesa como resistencianos y que aún abrigamos con ternura y memoria.
El perro Fernando, esa presencia singular que despierta emociones encontradas, nos sigue generando asombros, curiosidad y afectos. Hoy, los nuevos bicheros encuentran en este sitio un espacio amigable donde disfrutar un rico café en compañía de una atmósfera única, recordando a Fernando que trascendió la historia convirtiéndose en la mascota preferida de todos los chaqueños.
En el marco de este encuentro, Laura López Oestman compartió café e infusiones de Algarroba para acompañar los alfajores que Rico con Algarroba acercó para degustar y celebrar a los productos chaqueños. La propuesta buscó poner en valor los ingredientes autóctonos y el trabajo de los emprendedores de la provincia. Luego, la caja de Mi Avío se abrió para compartir más sabores entre comensales curiosos que se llevaron algunas novedades y descubrieron sabores desconocidos, ampliando el paladar y la gratitud por lo hecho en Chaco.
Fue una tarde en la que abundaron las historias que nos hicieron sentir en casa, abrigaditos al calor de un rico café. Entre cada sorbo y cada bocado, el Café Fernando volvió a demostrar que es mucho más que un lugar de paso: es un refugio donde las tradiciones, las amistades y las pequeñas delicias se entrelazan para recordar que Resistencia también se saborea con el corazón.

