sábado 30 de mayo, 2026

Mi Avío viajó, movilizó encuentros, compartió y celebró: el primer viaje superó todas las expectativas

30 de mayo 2026

El primer avío de La Andariega recorrió el Gran Resistencia, unió generaciones y nos demostró que una experiencia compartida tiene un poder extraordinario. Fue una apuesta silenciosa, casi íntima. Un deseo de que esta revista, que todos los días nos devuelve la alegría de contar historias que amamos, pudiera salir a la calle y reconfortar a otros, queríamos multiplicar esa alegría.

Hoy, al cerrar esta primera edición viajera, podemos decir una sola cosa: superó cualquier expectativa.

Mi Avío viajó. Y no lo hizo de cualquier manera. Llegó a Resistencia, Puerto Tirol, Colonia Benítez y Barranqueras, entregado en mano a cada uno de nuestros suscriptores. Cuatro puntos del Gran Resistencia que se convirtieron en destinos cargados de significado.

Mi Avío movilizó encuentros. Apareció en oficinas, entre mates y como pausa en una jornada de trabajo, alentó conversaciones y risas. Se coló en reuniones de amigos que hace tiempo no se veían. Se acomodó en mesas familiares, en las sobremesas donde nacen las confidencias. Y, sobre todo, generó encuentros familiares únicos: madres e hijos, abuelos y nietos alrededor de una caja llena de sabores. Se convirtió en el canal perfecto para expresar amor, gratitud y consideración, todos pensaron en alguien especial con quien compartir ese avío. Y asi, las historias se multiplicaron, excediendo cualquier cálculo. Por eso nuestra gratitud es inmensa.

Mi Avío compartió y celebró. Celebró el oficio de contar, la alegría de compartir, la pausa en un mundo que va cada vez más rápido. Pero también celebró la calidez chaqueña, esa que sale al encuentro y siempre nos recibe con los brazos abiertos. A cada persona que recibió Mi Avío, a cada institución que nos abrió sus puertas, a cada familia que lo compartió: gracias. Gracias por recordarnos por qué amamos este oficio.

Desde lo personal

El cierre de esta primera entrega, abre la puerta a los agradecimientos porque son muchas las personas que contribuyeron para hacer realidad este proyecto.

En primer lugar a Betty Gutiérrez que fue quien se sumó cuando aún Mi Avío no existía, su confianza abrió el camino y nos puso en marcha, sabiendo que teníamos que llegar a puerto, aún desconociendo el destino exacto de nuestro viaje. También, Marisel Torres nos dió una clase intensiva sobre alfajores, cómo avanzar en nuestro trabajo y sumó confianza para impulsarnos un poco más.

Después Sergio Falcón compartió un recuerdo de su infancia, contó cómo lo llenaba de ilusión abrir una caja sorpresa de golosinas que su abuela le compraba cuando era muy niño, me alentó para llegar a las bolsas ilustradas que ya son un tesoro en muchos hogares y cada tanto, me empuja para acelerar cuando yo todavía estoy haciendo cálculos.

El aprendizaje continuó con Sandra Salto y Gustavo Flores que fueron dando luz a esta iniciativa y contribuyeron con su acompañamiento para que el camino sea más claro. Ya había muchas caras amigas y así cada paso se sintió más amable.

Después llegaron otras personas como Carmen Tenerani, que me abrió las puertas de su Galería de Arte para presentar allí mismo Mi Avío, en un primer contacto con personas cercanas que permitió pulir aún más eso que todavía seguía en el plano de las ideas.

También Laura López Oestman sumó su entusiasmo en una nueva masterclase y Gabriela Mujica abrió las puertas de Café Fernando para recibirme y mostrar Mi Avío a sus clientes y visitas.

A cada uno de los emprendedores que me tienen paciencia, me instruyen en este camino y comparten generosos sus historias: Lorena Moreno, Barbi Rojo Guiñazú, Susana Gómez, Mirta Gamarra, Paula Buttaro, Juan López, Miryan Weppler, Dorys Diz y Lucas Pittau.

A Juan Diego Turraca por su compromiso contagioso.

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