miércoles 13 de mayo, 2026

El camino de la esperanza, Francisco en Paraguay

21 de abril 2025

Francisco siempre nos habló fuerte y claro, directo al corazón, apelando a nuestra humanidad, acercando distancias, convocandonos al encuentro, a la misericordia y a la ternura. Hace 10 años, su llegada a Paraguay fue una invitación a la que no quise faltar. El camino no fue fácil y cuando parecía que ya no se iba a poder, la oportunidad se presentó perfecta.

Un tour a último momento desde Resistencia a la misa central en Paraguay era la llave para ser testigo de ese momento histórico. Partí en soledad, de madrugada, acompañada por 50 almas que albergaban las mismas ansias. A las 5 de la mañana del 12 de julio de 2015 descendimos en suelo paraguayo para caminar 5 kilómetros hasta el inmenso predio donde el Papa Francisco celebraría misa cerca del mediodía.

Después de más de una semana de intensas lluvias, el clima pareció darnos una tregua. La puesta en condiciones del predio, donde se esperaban a dos millones de personas, llevó a realizar a última hora una limpieza con topadoras de un monte cercano para ampliar aún más su capacidad. Las abundantes lluvias y el suelo removido generaron un lodazal pocas veces visto en el campo grande de Ñu Guazú donde se montó el inmenso escenario. Eso nos esperaba tras nuestro peregrinar al encuentro del papa.

Antes del amanecer, llegamos al ingreso, distante a más de mil metros del altar principal. En medio de la oscuridad y de cientos de personas nos dispusimos a entrar con afán de llegar lo más cerca posible a las primeras filas. Con el barro por los tobillos transitamos nuestra aventura, caminamos junto al monte, donde las raíces removidas nos permitían pisar suelo firme entre correderas de agua. Los animales del monte alzaban su voz muy cerca de nosotras anunciando el amanecer. En el camino, me integré a un grupo de cuatro amigas correntinas que iban en el mismo tour. Juntas compartimos la experiencia maravillosa de orar junto a Francisco.

Mientras caminábamos en medio de la oscuridad, viendo a lo lejos el altar principal, sentí una profunda sensación de bienestar y gozo, inmensa como la noche misma. No sentí miedo mientras avanzaba undiendo mis pies en el barro y eso me sorprendió gratamente, descubrir ese sentido de pertenencia junto a mis compañeras, sentirme acogida fue transformador. Hacía semanas venía trayendo conmigo una mochila muy pesada de preocupaciones cotidianas que por momentos se hacía insostenible y en ese lugar, en medio de la oscuridad y los sonidos del monte, sentí paz, me sentí libre, liviana, sin preocupaciones ni temores. Me sentí recorfortada en ese lugar tan inhóspito acompañada solo por desconocidos. La presencia de Dios se volvió clara, en medio del silencio.

Llegamos hasta donde la guardia militar nos permitió porque el predio estaba dividido en sectores y recibimos el amanecer junto a miles personas que alzaban sus cánticos y oraciones llenos de alegría. Los voluntarios repartían grandes bolsas plásticas para usarlas como mantitas y poder sentarnos en el piso a esperar la llegada de Francisco. Los vendedores ambulantes nos trajeron chipá calentito y cocido, unas chicas muy jovencitas nos vendieron pulseritas con la cara de Francisco, como si estuvieramos en un concierto. Todo fue alegría y celebración. A media mañana brilló el sol, el calor nos abrazó y nos olvidamos rápidamente que aún teníamos los pies undidos en el barro.

Finalmente, y con el sol en alto, llegó el Papa Francisco a dar misa ante un millón de personas en suelo paraguayo. Poco antes llegaron unas niñas contando que habían podido saludarlo al bajar del vehículo que lo acercó al predio y su alegría conmocionó a todos en el campo. Y aunque todos deseabámos poder abrazarlo, haber compartido su cercanía, su mensaje y su visita tan cerca de nuestra tierras, fue suficiente para volver a casa reconfortada. Di gracias por la experiencia maravillosa que pude compartir en nombre de la fe y el cariño que Francisco despertó con su mensaje de humildad y entrega.

Natalia Jara. Directora de revista La Andariega

La curiosa historia del altar de maíz y cocos donde celebró misa el Papa Francisco en Paraguay

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