Más de 40 sabores chaqueños: el viaje exquisito que descubre los alfajores que nos llenan de orgullo

4 de abril 2026

Decenas de hacedores, emprendedores y alfajoreros fueron encontrados en una travesía que buscó los sabores más auténticos del Chaco. Desde clásicos de dulce de leche hasta creaciones con mamón, mistol, algarroba y frutas tropicales, el recorrido reveló una tradición dulcera que merece ser contada y compartida.

Emprendimos un viaje exquisito. No fue una ruta cualquiera: fue una travesía por los sabores más auténticos del Chaco, un recorrido que nos llevó a conocer a los hacedores, emprendedores y alfajoreros que, con sus manos y su corazón, elaboran decenas de variedades de alfajores. Algunos son tradicionales, otros son sorprendentes. Todos, sin excepción, llevan el sello de una tierra que sabe de dulzura y de trabajo bien hecho.

El resultado de esta expedición es un descubrimiento que nos llena de orgullo: más de 40 sabores chaqueños, muchos de ellos poco conocidos fuera de sus comunidades, y una certeza compartida: hay una industria dulcera en el Chaco que merece ser visibilizada, celebrada y, sobre todo, degustada.

El punto de partida: los clásicos que nunca fallan
El viaje comenzó por los alfajores que forman parte del imaginario colectivo. Aquellos que cualquier chaqueño reconoce y recomienda. Entre ellos, el Alfajor Marplatense en su versión clásica: relleno con dulce de leche y cobertura de chocolate, una combinación que nunca decepciona.

A su lado, aparecieron sus variantes saborizadas: el mismo Marplatense pero con un giro original, relleno con dulce de leche sabor naranja, café o frutos rojos, siempre cubierto con chocolate. Una propuesta que demuestra que la tradición también puede innovar.

El clásico blanco y negro, el de maicena, el de miel, el de chocolate, el chocolate negro, el chocofruta, el cacao y el choconuez completan la lista de los infaltables. Cada uno con su textura, su punto justo de dulzor y su fidelidad a una receta que se repite con cariño.

Los alfajores con corazón: frutas, frutos secos y sorpresas
Uno de los hallazgos más gratificantes del recorrido fue la línea de alfajores con corazón. Se trata de una variante que esconde en su interior un centro adicional de sabor: dulce de mamón, cerezas o nueces, todo envuelto en la cobertura de chocolate. Maní, pistachos o almendras, el contraste entre la suavidad del dulce de leche y la textura del fruto seco o la fruta confitada convierte a cada mordida en una experiencia de texturas y sabores.

El alfajor de zapallo, con de mistol y con harina de algarroba representan la vertiente más auténtica y regional de esta travesía. Elaborados con ingredientes nativos del monte chaqueño, estos alfajores cuentan una historia de arraigo, de aprovechamiento de los recursos locales y de una identidad dulcera que no se encuentra en ningún otro lugar del país.

Los sabores de la huerta y el monte: frutilla, maracuyá, mamón y más
El recorrido también deparó encuentros con alfajores que se animan a explorar el universo frutal. Fuera de lo tradicional, van de las frutilla, el maracuyá, el mamón, la naranja y la guayaba son algunos de los sabores que aparecieron en las mesadas de los emprendedores. Cada uno aporta un carácter distinto: la acidez de la frutilla, la frescura tropical del maracuyá, la dulzura intensa del mamón.

El alfajor de banana split fue otra de las sorpresas: una recreación en formato alfajor del clásico postre, que combina el dulce de leche con notas de banana y un toque de chocolate.

El vino y el membrillo también tienen su lugar en esta cartografía de sabores, demostrando que el alfajor chaqueño no le teme a las combinaciones audaces.

Los que vienen de otras tierras pero se hicieron chaqueños
En el viaje también encontramos alfajores que, si bien tienen origen en otras provincias, fueron adoptados y reinterpretados por los hacedores locales con ingredientes y técnicas chaqueñas.

El Alfajor Santafesino, relleno con dulce de leche, es uno de ellos. También el Alfajor Cordobés, que se distingue por su relleno de membrillo y mermelada de frutas, una opción para quienes buscan un perfil menos lácteo y más frutal.

El Alfajor de Coco, ofrece una alternativa para los amantes de este fruto, con un relleno generoso de dulce de leche que equilibra la textura seca del coco rallado.

El Alfajor Bonobón, con su pasta de maní y cobertura de chocolate, es otro de los clásicos que se encuentra en todas las rutas alfajoreras del país, pero que en el Chaco adquiere un carácter especial gracias a la calidad del maní regional.

Los infantiles y los divertidos: color, alegría y confites
La niñez también tiene su lugar en este recorrido. El Alfajor Infantil, relleno con dulce de leche y confites, con cobertura de chocolate decorado, se presenta con o sin paleta. Es un alfajor que apela a la memoria afectiva y a la simpleza de los sabores de la infancia, cuando un alfajor era sinónimo de premio, de merienda compartida, de alegría.

Los hacedores: el alma detrás de cada sabor
Detrás de cada uno de estos alfajores hay una historia. Durante el viaje, conocimos a decenas de hacedores, emprendedores y alfajoreros que nos abrieron las puertas de sus talleres, sus cocinas y sus corazones. Nos contaron sobre el origen de sus recetas, la selección de los ingredientes, los desafíos de producir de manera artesanal y la alegría de ver cómo sus creaciones endulzan la vida de quienes las prueban.

Hay marcas que nos enorgullecen. Hay familias que dedican horas a amasar, rellenar, bañar y empaquetar cada alfajor con una dedicación que solo el amor por lo que se hace puede explicar. Y hay sabores que, más allá de lo comercial, transmiten identidad, territorio y pertenencia.

Un viaje que apenas comienza
Este recorrido por más de 40 sabores chaqueños de alfajores es apenas el comienzo. Quedan muchos emprendedores por conocer, muchas recetas por descubrir y muchas historias por contar. Pero lo que ya tenemos claro es que el Chaco es una tierra dulce por naturaleza, y que sus alfajores merecen un lugar destacado en la mesa de todos los argentinos.

Porque detrás de cada bocado hay trabajo, hay corazón y hay una invitación a celebrar la vida con un poco de dulzura.

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