Primer Vía Crucis Extremo de Argentina: desde Villa Ángela peregrinaron 42 kilómetros en oración

4 de abril 2026

Inspirado en una tradición polaca que lleva más de una década, la propuesta convocó a 77 fieles que recorrieron el trayecto desde la sede parroquial hasta el Santuario de la Virgen de la Laguna, en una experiencia que combinó el desafío físico con una profunda transformación espiritual.

“No queremos vivir normal; con vos, Jesús, queremos vivir al extremo, hasta el final.” Con esa premisa, la Parroquia Sagrado Corazón de Jesús se convirtió en escenario de una experiencia inédita en el país: el Primer Vía Crucis Extremo de Argentina. La iniciativa, impulsada por el párroco Martín Zubik, se desarrolló durante el viernes 27 y sábado 28 de marzo y reunió a 77 fieles que recorrieron 42 kilómetros desde la sede parroquial hasta el Santuario de la Virgen de la Laguna, en un itinerario que combinó meditación, silencio y esfuerzo físico.

La propuesta no surgió de la nada. El padre Zubik tomó como inspiración una experiencia que se realiza en Polonia desde 2009 bajo el nombre de Ekstremalna Droga Krzyżowa (Camino Extremo de la Cruz), una práctica que invita a los participantes a vivir la Pasión de Cristo en un recorrido de larga distancia, en soledad o en pequeños grupos, con un fuerte componente de reflexión personal. La versión chaqueña adaptó aquel espíritu a la geografía, la cultura y el sentir de la región.

Un recorrido de 42 kilómetros en silencio

La travesía comenzó en la sede de la Parroquia Sagrado Corazón de Jesús y se extendió por caminos rurales del monte chaqueño hasta alcanzar el Santuario de la Virgen de la Laguna, un espacio de profunda devoción popular. Los 42 kilómetros no fueron recorridos en procesión multitudinaria, sino en una dinámica que priorizaba el recogimiento personal: cada participante caminó en silencio, acompañado únicamente por su propia oración, el paisaje y la noche.

A lo largo del trayecto, los fieles fueron guiados por un material espiritual tomado de la organización original de Polonia, pero cuidadosamente adaptado con lenguaje argentino para que las reflexiones resonaran en la sensibilidad local. Las estaciones del Vía Crucis se fueron sucediendo en el camino, invitando a detenerse, meditar y avanzar con el cuerpo y el alma.

Los rostros de los cireneos en el monte

Uno de los rasgos distintivos de esta experiencia fue la presencia de los “Guerreros de María”, un grupo de voluntarios que acompañaron el recorrido con gestos de cercanía y servicio. Dispuestos a lo largo del camino, ellos señalaban las estaciones y, en los momentos de pausa, recibían a los caminantes con agua fresca y un apretón de manos, todo en el marco de respeto por el silencio que envolvía la jornada.

“Pienso que ellos fueron los rostros de los cireneos, de la Verónica y de las mujeres que Jesús encontraba en su camino, compartiendo su paso con la cruz”, reflexionaron desde la organización. Esa presencia discreta pero sostenida se convirtió para muchos en un sostén tangible en medio del esfuerzo.

Una convocatoria que trascendió la parroquia

La convocatoria reunió a fieles no solo de la Parroquia Sagrado Corazón de Jesús, sino también de localidades vecinas como Presidencia Roque Sáenz Peña y Charata. En total, 77 personas se animaron a vivir esta experiencia pionera, cada una con sus motivos, sus cargas y sus expectativas.

Los testimonios que surgieron tras la travesía dieron cuenta del impacto profundo que tuvo el Vía Crucis Extremo en quienes lo protagonizaron. Muchos compartieron haber vivido una fuerte transformación espiritual, un proceso que los ayudó a “soltar, a confiar y a dejar de lado la mediocridad”. Hubo quienes sintieron que el material espiritual había sido escrito directamente para cada uno de ellos, como si las palabras hubieran llegado en el momento exacto en que más las necesitaban.

La noche como escenario de encuentro con Dios

Otros testimonios pusieron el acento en la belleza del entorno natural. Caminar bajo la oscuridad, iluminados solo por la luna y las estrellas, permitió una forma distinta de contemplación. El silencio del monte chaqueño se poblaba de sonidos: el canto de los grillos, las chicharras, el vuelo de los teros que anunciaban el paso de los caminantes.
“La belleza de contemplar a Dios en la oscuridad de la noche” fue una imagen recurrente entre los participantes, que descubrieron en el paisaje chaqueño un espacio propicio para el encuentro espiritual, lejos del ruido y las distracciones de la vida cotidiana.

Culminación en el Santuario de la Virgen de la Laguna

La última estación del Vía Crucis tuvo lugar en el Santuario de la Virgen de la Laguna, el destino final del recorrido. Allí, la experiencia culminó con la celebración de la Santa Misa, un momento de acción de gracias y comunión que contó también con la presencia de fieles que se acercaron especialmente para participar de la Eucaristía, sumándose a los caminantes que llegaron agotados pero con el alma renovada.

La misa cerró así una experiencia que no solo fue pionera en Argentina, sino que dejó una huella profunda en quienes la vivieron y sembró la posibilidad de repetirla en los próximos años, consolidando una nueva tradición de fe en la región.

Una semilla plantada en el monte chaqueño

El Primer Vía Crucis Extremo en Argentina no fue solo un evento puntual. Fue una apuesta por vivir la fe con radicalidad, por salir de la comodidad y animarse a un camino exigente en cuerpo y espíritu. Inspirado en una tradición polaca, adaptado al lenguaje y la sensibilidad argentina, y atravesado por el paisaje y los sonidos del monte chaqueño, esta experiencia demostró que hay formas de vivir la espiritualidad que interpelan de manera distinta y que encuentran en el esfuerzo compartido y el silencio un camino hacia lo sagrado.

Para los 77 caminantes, para los Guerreros de María que los acompañaron y para la comunidad que los esperó en el Santuario, aquellos 42 kilómetros quedarán como un recordatorio de que, como decía la premisa que abrió la convocatoria, con Jesús se puede vivir al extremo, hasta el final.

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