Sergio Falcón, referente del arte popular chaqueño con una mirada puesta en el ambiente y el río, ilustró las bolsas de Mi Avío. La imagen del picaflor sobre la flor de mburucuyá no fue casual: nació de una charla telefónica, una siesta calurosa y la aparición inesperada de un ave que terminó por definir el rumbo del diseño.
El arte de acercar lo nuestro
Mi Avío no es solo una suscripción que lleva alfajores y productos regionales a los hogares chaqueños. Cada envío es también una experiencia sensorial completa, y en esa experiencia la imagen cumple un papel tan importante como el sabor. Por eso, cada bolsa que reciben los suscriptores está ilustrada por el artista chaqueño, Sergio Falcón.
Falcón es un referente de los temas vinculados a la cultura popular chaqueña. Su obra está atravesada por el compromiso con el ambiente y, sobre todo, por su cercanía con el río. El agua, el monte y las aves autóctonas aparecen con frecuencia en sus trabajos, construyendo un universo visual que dialoga directamente con la identidad de la provincia. Por eso, cuando desde La Andariega pensamos en quién podía ilustrar las bolsas de Mi Avío, el nombre de Sergio Falcón apareció.
Pero la imagen que terminó estampada en la primera bolsa no fue impuesta por una decisión editorial ni respondió a una consigna cerrada. Surgió de otro modo: más orgánico, más vivo y mucho más imprevisible.
El picaflor que cruzó el teléfono
Todo empezó con una charla telefónica entre Sergio Falcón, que atendía desde Resistencia, y Natalia Jara, creadora de La Andariega, que estaba en Ituzaingó. Era una siesta calurosa de enero. Natalia tomaba tereré en su balcón mientras conversaban sobre lo que todavía era un sueño: Mi Avío. En ese entonces la suscripción estaba tomando forma, y uno de los temas pendientes era definir qué ilustraciones acompañarían las bolsas.
La conversación derivó en afectos. Tanto el picaflor como la flor de mburucuyá son de la preferencia de Natalia por diversas historias familiares que ha ido abrazando a lo largo de su vida. Pero no había certezas. Se barajaban opciones, se tiraban ideas al aire, se buscaba algo que fuera “muy nuestro”. Por su parte, Sergio compartió vivencias de su infancia que llegaron a su memoria con la idea de una bolsa repleta de dulces, sorpresas, golosinas; un universo de belleza para cualquiera que quiera volver a ser abrazado por su niñez.
Fue entonces que ocurrió lo inesperado. Mientras hablaban, un picaflor llegó hasta el balcón. Se quedó suspendido en el aire, revoloteó un instante y volvió a partir con urgencia. No hubo que discutir nada más. El suceso dio claridad de golpe.
“Ahí entendimos lo que tenía que tener esa primera bolsa”, cuenta Natalia Jara. “No fue una decisión de escritorio. Fue una señal en el momento justo, mientras soñábamos con este proyecto. El picaflor nos eligió.”
El simbolismo del picaflor y la mburucuyá
La ilustración final muestra un picaflor revoloteando sobre una flor de mburucuyá. Dos elementos profundamente chaqueños, cargados de simbolismo. El picaflor, ave vibrante y veloz, asociada en muchas culturas a la alegría, la energía vital y la capacidad de encontrar lo dulce incluso en los lugares más inesperados. El mburucuyá, también conocida como flor de la pasión, es una planta nativa de la región, de belleza compleja y estructura única, que se ha convertido en un ícono de la flora litoraleña.
Ambos elementos también remiten a la relación de Natalia con su propia historia familiar. El mburucuyá, en particular, aparece en relatos personales que ella fue abrazando con el tiempo, y que hoy forman parte de ese entramado afectivo que La Andariega lleva adelante como sello.
Pero lo definitorio, como ocurre con las buenas historias, fue lo imprevisible. El picaflor que apareció en el balcón en plena siesta de enero, mientras el proyecto aún se soñaba, terminó siendo la clave. “Esa visita nos dio claridad acerca de lo que debíamos poner en esta primera bolsa”, dice Natalia. “Cuando aún soñábamos con Mi Avío, el picaflor ya estaba ahí”.
Una bolsa que es también un manifiesto
Cada mes, los suscriptores de Mi Avío reciben no solo productos regionales sino también una obra de arte original en forma de bolsa de tela. Para la primera edición, que comienza a entregarse el 13 de mayo, la imagen del picaflor y el mburucuyá ilustrada por Sergio Falcón funcionará como una suerte de manifiesto visual: esto es lo nuestro, esto es lo que queremos compartir.
Falcón, que construye su obra desde el respeto por el ambiente y la cultura popular, entendió perfectamente la tarea. No se trataba de hacer una ilustración decorativa. Se trataba de acercar algo muy nuestro en cada envío. Algo que dialogara con el alfajor estrella de ese mes, con los dulces y con todas las sorpresas que contiene la bolsa. Algo que, al ser visto, recordara que lo que se está abriendo no es una caja genérica, sino un pedacito del Chaco cuidado hasta en el último detalle.
Un viaje que empezó con un picaflor
Mi Avío es eso: un viaje mensual por los sabores y las historias del Chaco. El primer viaje, el de mayo, tiene como destino simbólico la imagen de un picaflor sobre una flor de mburucuyá. Quienes reciban esa bolsa estarán llevándose no solo productos regionales sino también un pedazo de esa casualidad hermosa que ocurrió en una siesta de enero, cuando una conversación telefónica fue interrumpida por un ave que sabía algo que nosotros todavía no.
Porque a veces las mejores ideas no se piensan. Se presentan. Y en este caso, el picaflor llegó justo a tiempo.
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