martes 23 de junio, 2026

Un tiro de gracia al turismo social: el desguace de Chapadmalal y Embalse Río Tercero  

22 de junio 2026

El vaciamiento del complejo de 75 hectáreas en la costa es inminente. La gestión de Milei despidió y pasó a disponibilidad a la totalidad de los trabajadores de la unidad turística y dejó a la comunidad con graves riesgos sanitarios, ambientales y de seguridad. Organizaciones vecinales, barriales y políticas se organizan en defensa del patrimonio histórico y el turismo social.

La estocada final contra el turismo social en Argentina se encuentra en plena ejecución. Las unidades turísticas de Chapadmalal en la costa y Embalse en Córdoba, símbolos emblemáticos del derecho de la clase trabajadora a tener vacaciones, se encuentran en pleno ataque tras la decisión del secretario de Turismo Daniel Scioli de transferirlas a la Administración de Bienes del Estado (AABE): la gestión de Milei decidió rifar su destino al mejor postor.

“La situación es crítica, lo que está sucediendo en Chapadmalal y Embalse es que el Gobierno nacional está avanzando con la privatización y el desguace de las dos unidades”, dice a Página/12 Florencia Marcó Ruiz, trabajadora desde hace 21 años de la Unidad de Chapadmalal y delegada de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE). La emergencia no solo abarca los despidos, 108 en total en ambas unidades, sino que implica la posible destrucción del declarado monumento histórico por Decreto 784/13, su privatización y el impacto en las comunidades.

La Provincia volvió a pedir el traspaso de la Unidad Turística Chapadmalal
En el caso de Chapadmalal, la dotación mínima de 58 trabajadores que quedaba fue notificada hace dos semanas de su despido o pase a disponibilidad –según la forma de contratación de cada uno- y además fueron intimados a cerrar el Museo Eva Perón que funciona en el Hotel 5 desde hace 23 años, desalojar las viviendas y a entregar las llaves de las unidades este lunes 22 de junio. En la comunidad, se encendió la alarma y la resistencia se encuentra en marcha.

El patrimonio como identidad
Florencia Marcó Ruiz es la tercera generación en su familia cuya vida está atravesada por la existencia, funcionamiento y ahora ocaso del complejo de Chapadmalal. “Mi abuela trabajó en los mejores momentos, cuando el complejo tenía lavadero propio, panadería, colectivos y guardería para los hijos de los empleados”, recuerda. “Mi mamá también trabajó aquí, 40 años de servicio, fue responsable de hotel. Y mi primer laburo me lo dio la unidad turística”, cuenta. Hace 21 años, ingresó como recepcionista, después pasó a cumplir tareas administrativas y a formar parte de la oficina de tesorería. “Nunca nos quedamos anclados en un solo lugar, a veces en el verano, al venir tanta cantidad de turistas, íbamos por las tardes a hacer horas extras y a reforzar en los ingresos”, cuenta.

Los vecinos de Chapadmalal se organizan para defender los hoteles
El complejo supo albergar entre 4 mil y 5 mil personas por quincena en temporada alta, turistas que además motorizaban la economía local y de las ciudades aledañas como Miramar y Mar del Plata. “Es la primera vez en los 41 años que tengo que me toca vivir algo así. Nunca nos pasó que corra riesgo la gente que vive en los edificios, son 30 familias que recibieron la vivienda como parte de su salario, que de por sí es bajo. Y no viven de arriba como dicen, pagan sus servicios”. La situación de la viviendas, comenta, se encuentra judicializada.

Florencia asegura que los funcionarios de Nación no conocen ni dimensionan lo que es el complejo de Chapadmalal, más allá de aspirar a la privatización de sus playas públicas. “Este cierre trae muchas consecuencias ambientales, sanitarias y de seguridad. Estamos luchando porque queremos el lugar, lo cuidamos, no queremos permitir que haya vandalismo ni que surja nada grave en los hoteles”, asegura.

Es que se trata de 75 hectáreas, 9 hoteles –los más codiciados, aquellos sobre los acantilados y con vista al mar-, 19 bungalows entre los que se cuenta la residencia presidencial, un centro administrativo, cine-teatros, una capilla, una confitería bailable, galerías comerciales y centros de recreación infantil, entre otros. Incluso, en uno de los edificios funciona una escuela secundaria y, en otro, una sala de Salud, la única con la que cuenta la localidad.

Chapadmalal y Embalse Río Tercero: dos paraísos clausurados
A pesar de los embates de la gestión libertaria y la motosierra presupuestaria, hasta el momento fueron los trabajadores quienes sostuvieron –incluso de su bolsillo- el mantenimiento de los espacios verdes y las refacciones menos complejas para evitar que se transformara en tierra de nadie. “No se toma dimensión de lo grande que es esto y del cuidado que necesita. No sabemos cuál es la idea del Gobierno, si es privatizar o dejarlo abandonado. Estamos peleando las reincorporaciones y que se deje una dotación mínima, que no quede vacío todo el predio”, expresa. Y sigue: “El Estado nacional se tiene que hacer cargo de todo el patrimonio de la unidad turística y ¿quién mejor que nosotros, los que nos criamos y trabajamos acá, para resguardar lo que es nuestro? Porque este patrimonio es nuestra identidad”.

La mentira de los hoteles en ruina
“El lunes se entrega la llave y una historia que tiene más de 20 años, porque soy la creadora del Museo Eva Perón, que funcionó hasta ahora en el Hotel 5”, dice con tristeza Silvia Daria. Ella es museóloga, se jubiló después de 40 años de trabajar en el complejo de Chapadmalal y fundó la Asociación Amigos del Museo Eva Perón. Todavía recuerda la carpeta que inició en 1995 para que el museo existiera. Al principio –cuenta- funcionó en el Hotel 3, el más afectado por la falta de obras de mantenimiento y cuyas imágenes suelen usarse para decir que todos los hoteles están en ruina. “Esa es otra de las tantas mentiras que se dicen, cuando fue ministro de Turismo Matías Lammens hizo una reforma a fondo de seis de los nueve hoteles. No dieron los tiempos para arreglar todos por la pandemia, pero hay seis hoteles que están impecables”, asegura. Una persona, dice Silvia, puede mirarse en los pisos de esos hoteles, en el parquet de los teatros que se trajo de Canadá, la comodidad de las butacas y la majestuosidad de los telones nuevos, que hay sommiers y colchones de estreno, que se instalaron ascensores y que los baños fueron adaptados para personas con discapacidad y adultos mayores.

Desde 1947, los hoteles albergaron a miles de personas de todos los puntos del país, de clase trabajadora, que conocieron el ocio y las vacaciones como derecho. El turismo social, como política de Estado, permitió que la playa argentina dejara de ser símbolo de opulencia y exclusión para convertirse en un sueño posible. “La obra que hizo la Fundación Eva Perón –parte fundante del proyecto- es la síntesis de una sociedad cultural y físicamente cuidada. El complejo no era sólo ir a la playa. Era el ámbito donde te hacías, quizás por primera vez, una revisión médica. Donde se cuidaba la niñez, la recreación, lo artístico”, asegura.

“Lo de Scioli fue una traición a la historia de Chapadmalal”
Silvia, que creció en el complejo porque también sus padres trabajaron allí, recuerda con emoción los colectivos de la fundación que transportaba a los niños y la ceremonia de bienvenida a los turistas de los primeros años, cuando su madre era mucama en el Hotel 6. “Crecí en una sociedad que amaba el complejo porque hizo posible la creación de dos barrios que existen hasta hoy, San Eduardo y Santa Isabel. Había una fuente laboral ahí y venían de todo el país a buscar trabajo, incluso cuando se comenzó concesionar la gastronomía y la limpieza llegamos a ser 1.500 empleados contra solo 58 que hoy se quedan sin trabajo. Es decir, ya venían vaciando la unidad. Miles de personas nos hemos jubilado del complejo, incluso muchísimas de las que estaban por concesionarias”, cuenta.

La defensa del turismo social
La muerte lenta de Chapadmalal encendió las alarmas de los habitantes de la zona. Un grupo de vecinos, organizaciones sociales y políticas, sociedades de fomento, sindicatos, trabajadores y extrabajadores del complejo comenzaron a reunirse en asamblea para levantar la bandera de la defensa de los hoteles y del turismo social. Este sábado 20 de junio realizaron un Cabildo abierto, festival y feria para visibilizar y discutir el futuro del complejo, mientras que nada se sabe de manera concreta acerca de los planes del oficialismo.

Entre las iniciativas que surgieron se encuentran diversos proyecto de ley, como el presentado en la Legislatura bonaerense por la senadora Fernanda Raverta. “Lo que plantea es que la Provincia de Buenos Aires exprese su voluntad de recuperar la titularidad y la administración de la Unidad Turística Chapadmalal para garantizar que siga destinada al turismo social”, cuenta a Página/12 la senadora. En este sentido, el proyecto plantea declarar que todos los predios y edificios del complejo forman parte del patrimonio histórico y social de la Provincia. “A partir de eso, proponemos que queden afectados exclusivamente al turismo social. Es decir: que no puedan ser utilizados para una explotación privada que desconozca el sentido para el cual fueron creados”, asevera.

Si bien solo hay especulaciones acerca del destino del complejo, comenzaron a circular rumores sobre visitas de empresarios a los hoteles que se encuentran en mejores condiciones y la certeza de que las paradisíacas playas públicas y sus acantilados son vistos con interés por los privados que ya convirtieron una parte de Chapadmalal en territorio de elite.

Al respecto, Marcó Ruiz expresa: “Nosotros también defendemos el turismo social, el derecho de que todos puedan venir a veranear a la unidad turística sin tener que pagar fortuna. Que la gente de bajos recursos tenga la posibilidad de conocer el mar, de dormir en un sommier, de tener un baño privado y las tres comidas al día. No queremos que a las playas solo baje la gente que tenga el auto último modelo”.

Por Gabriela Figueroa para Página 12

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