Betty Gutiérrez lleva dos décadas al frente de espacios gastronómicos en Gancedo, donde recibe a vecinos, visitantes y viajeros en la ciudad que ama. Desde muy chica escuchó hablar de los meteoritos y siendo aún una niña vio cómo desenterraban esa enorme roca para exponerla como un verdadero tesoro. Esa roca que cuenta historias del universo y que aún hoy moviliza a personas de todo el mundo para verla y tocarla, como una experiencia única en el planeta.
Betty siempre amó la cocina, desde los tiempos en los fogones de su abuela y su madre, donde los platos más tradicionales se preparaban para alimentar a campesinos y trabajadores, que encontraban en su comida alimento y sustento para las extenuantes jornadas de trabajo.
De niña viajaba todos los veranos a Buenos Aires para visitar a sus tíos y primos en la gran ciudad. Un día, con sólo 15 años, decidió no volver, quedarse a probar suerte por allá y conocer nuevos universos. Ese verano consiguió trabajo como cocinera de una familia que se admiraba cómo siendo tan joven podía administrar las rutinas alimentarias de todos los habitantes de la casa, siguiendo con comodidad sus exigencias y demandas. Aún no había terminado sus estudios secundarios pero su talento supera cualquier expectativa.
Años después decidió que ya era tiempo de volver a casa, que Gancedo la esperaba. Sin embargo, poco después, decidió volver a emprender viaje, esta vez hacia Córdoba. Otra vez se dedicó durante varios años a cocinar en esa provincia, a entender cómo funcionaba el turismo y la importancia que tiene la gastronomía con raíces para quienes llegan a descubrir un nuevo destino.
De vuelta a su tierra entendió que tenía un mensaje fuerte y claro para compartir. Entendió que tenía mucho para dar y decidió que era tiempo de profesionalizarse para que esos saberes que traía de su madre y su abuela florecieran de la mano de su talento. En Sáenz Peña se formó como chef y siguió al frente de la confitería, donde dio sus primeros pasos como emprendedora gastronómica.
Junto a profesionales del Inta aprendió a elaborar todo tipo de alimentos con productos de la chacra y el monte chaqueño. Enseñó a familias humildes a explotar al máximo sus huertas, cómo preparar comida saludable y nutritiva para sostener las familias con el fruto del trabajo comunitario y siguió su viaje hacia nuevas experiencias que la arraigaron más a su tierra y reforzaron aún más sus saberes, esos que heredó de generaciones de mujeres laboriosas.
Un día descubrió que los visitantes se maravillaban con sus historias de meteoritos, saberes ancestrales, sabores que sólo en Chaco abundan y una devoción por su tierra pocas veces vista. Betty sabe contar historias con palabras y sabores, moviliza el corazón de quienes la escuchan y disfrutan de sus platos. Su entusiasmo es contagioso y escucharla nos abre las puertas a nuevos mundos.
Betty Gutiérrez hace tiempo trascendió Gancedo, es reconocida en todo el Chaco por su trabajo y una embajadora de nuestra provincia a donde quiera que vaya, siempre llevando a Campo del Cielo como bandera, en esas historias que con tanta sabiduría aprendió a contar a través de sus platos.

