Este 30 de septiembre se celebra en Argentina y en todo el mundo el Día Mundial del Traductor, una fecha que recuerda el fallecimiento de San Jerónimo, considerado el patrono de la profesión. Se trata de una jornada que busca visibilizar la importancia de la traducción como puente entre lenguas, culturas y pueblos.
San Jerónimo fue un sacerdote del noreste de Italia que pasó a la historia por traducir al latín la mayor parte de la Biblia a partir de manuscritos griegos y hebreos, una obra que marcó un antes y un después en la difusión del cristianismo. Además, dominaba varias lenguas aprendidas en sus viajes y murió un 30 de septiembre del año 420, en Belén, Palestina.
La Federación Internacional de Traductores promovió desde 1953 la celebración de esta fecha, y en 1991 impulsó que sea reconocida oficialmente como jornada internacional. El objetivo era dar visibilidad a una profesión que resulta indispensable en un mundo cada vez más interconectado.
La labor de los traductores, intérpretes y especialistas en terminología no solo es clave para la literatura, la ciencia o la técnica, sino que también cumple un papel esencial en la claridad del discurso público y la comunicación entre sociedades diversas. Gracias a ellos, se hacen posibles el entendimiento y la cooperación internacional.
En 2017, la Asamblea General de la ONU reafirmó ese valor con la resolución 71/288, que destacó la función de los profesionales lingüísticos en la construcción de vínculos entre las naciones y en la promoción de la paz y el desarrollo. Desde entonces, el 30 de septiembre es también un día de homenaje global para quienes trabajan en la traducción.
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