Los recursos pensados para la inclusión de personas neurodivergentes hacen más agradable la convivencia y los espacios de todos, incluyendo a los neurotípicos.
Si algo quedó claro en la Jornada de Neurodivergencias y Mundo Laboral organizada por el Instituto de Neurodivergencias y Derecho en el marco de la XV Feria del Libro Jurídico, es que el mundo laboral —y gran parte de la vida social— fue diseñado por y para mentes neurotípicas. Pero, ¿qué significa esto en la práctica? Significa que las personas que piensan, procesan y sienten de manera diferente quedan fuera de un sistema que no las contempla. Pero ¿cómo sería habitar un espacio diseñado para personas neurodivergentes? En mi imaginario, habitaríamos un mundo más amable.
Las personas neurodivergentes —aquellas con autismo, TDAH, dislexia, dispraxia u otras variaciones cognitivas— representan entre el 15% y el 20% de la población mundial. Las tasas de desempleo en este grupo son alarmantemente altas y ese es el desafío para una sociedad que cuenta con los conocimientos necesarios para crear espacios que permitan la inclusión y la oportunidad de su desarrollo profesional.
La causa principal no es la falta de talento. Es que los entornos están construidos con estructuras rígidas de comunicación, sobrecarga sensorial y expectativas poco claras. Barreras que impactan en el bienestar, el rendimiento y la satisfacción laboral de las personas neurodivergentes, pero que también afectan —aunque de manera menos evidente— a todos los trabajadores.
En los diferentes bloques temáticos de la jornada se fueron expresando las acciones que harían de los espacios, lugares amigables de convivencia y de desarrollo profesional. Aunque el bloque Entornos Amigables en particular, abordó cuestiones técnicas sobre cómo hacerlos posible y más tarde se reafirmaron y ampliaron esos conceptos, dejándonos un mapa de aplicación que nos abre un universo de posibilidades.
La adaptación sensorial accesible gracias al diseño de distintos espacios o el uso de dispositivos personales beneficia a todos por igual, generando bienestar en todo el plantel de trabajo, tal como lo explicó la terapueta María Fabiana Speroni. Desde su experiencia, la arquitecta Patricia Cardozo Loverde explicó cómo funciona el diseño de espacios para facilitar esta adaptación a los distintos momentos del día o a tareas específicas.
También el arquitecto Carlos Alabe y el Dr. Sergio Vallejos ahondaron en cómo humanizar los espacios y las acciones optimiza los resultados de cualquier iniciativa. Por su parte, el Lic. David Pagano brindó técnicas para que desde el buen trato cotidiano se facilite la comunicación e integración de todas las personas, algo que rápidamente podrá evaluarse en los resultados de la organización.
En tanto que, Irma Monfardino cuantificó los costos de estas adaptaciones aplicadas a las empresas y finalmente la Dra. Mariana Alcalá detalló cómo cada una de estas herramientas de adaptación permitirían la inclusión de personas neurodivergentes al sistema judicial y en el acceso a la Justicia.
El enfoque neuroafirmativo: de la adaptación a la celebración
Algunas conclusiones que dejó la jornada de Neurodivergencias y Mundo Laboral nos permiten entender que adaptar los espacios a la inclusión de personas neurodivergentes, puede optimizar cualquier proceso y generar bienestar colectivo.
Un entorno neuroafirmativo no se limita a "acomodar" a quienes piensan diferente. Reconoce que la neurodiversidad es una fortaleza y un motor de innovación. Los equipos que incluyen profesionales neurodivergentes y cuentan con el apoyo adecuado pueden ser significativamente más productivos e innovadores, como lo mencionó Irma Monfardini.
Los recursos pensados para la inclusión de personas neurodivergentes no solo benefician a ellas. Hacen más amable, más clara y más habitable la vida de todas las personas, incluyendo a los neurotípicos, como lo explicó la terapeuta María Fabiana Speroni.
Cinco pilares que transforman los espacios para todos
Cada una de ellos, aplicada con sensibilidad, mejora la experiencia de cualquier persona en un entorno laboral o social:
1. Conciencia y formación. capacitar a los equipos sobre las distintas formas de pensar, las necesidades sensoriales y las preferencias de comunicación de las personas neurodivergentes ayuda a desarrollar empatía y reduce el estigma. Cuando entendemos que hay múltiples maneras de llegar a una misma solución, el respeto por la diferencia se instala en el día a día. Y eso beneficia a todos.
2. Seguridad psicológica. Las personas necesitan sentirse seguras para revelar sus necesidades o solicitar ajustes sin temor a represalias. Los líderes que demuestran apertura y respeto por los diferentes estilos de trabajo generan una cultura donde todos se sienten cómodos sin necesidad de impostar.
3. Flexibilidad laboral. Ofrecer horarios flexibles, trabajo remoto, espacios silenciosos o la posibilidad de estructurar las tareas de manera personalizada es uno de los ajustes de mayor impacto. Pequeños cambios —como reducir reuniones innecesarias, enviar agendas con anticipación o permitir respuestas escritas en lugar de verbales— pueden marcar una gran diferencia en el rendimiento y bienestar de los trabajadores.
4. Comunicación clara. Proporcionar instrucciones por escrito, definir objetivos medibles, establecer plazos concretos y compartir resúmenes escritos después de las reuniones reduce la carga cognitiva de todos los empleados, no solo de quienes son neurodivergentes. Poder releer las instrucciones facilita el desarrollo de cualquier tarea.
5. Entornos sensorialmente amigables. Las oficinas suelen ser espacios de alta estimulación: luces brillantes, ruido constante, interrupciones permanentes. Tal como lo explicaron la terapeuta María Fabiana Speroni y la arquitecta Patricia Cardozo, las recomendaciones incluyen:
Control del ruido: permitir auriculares con cancelación, instalar paneles acústicos y cabinas insonorizadas, designar zonas de silencio. Beneficia a quienes necesitan concentración y a quienes buscan un descanso del bullicio.
Iluminación regulable: optar por luz cálida en lugar de blanca, incluir atenuadores y filtros de luz azul, permitir luz natural. Todos trabajamos mejor con una luz que no nos fatigue.
Personalización del espacio: dejar que cada persona adapte su puesto con elementos que le resulten agradables (plantas, objetos personales). Un entorno que refleja la identidad de quienes lo habitan es un entorno donde la gente se siente bienvenida.
Empezar sin esperar condiciones perfectas
La propuesta es sencilla: hablar con los trabajadores, para conocer qué condiciones mejorarían su productividad y bienestar, como explicó el Dr. Sergio Vallejos. Empezar con pequeños cambios y construir desde ahí. Revisar políticas, hablar con los equipos para consensuar acciones, iniciar con un solo cambio —como enviar un resumen escrito de las reuniones— y medir su impacto.
La clave es que, lo que funciona para las personas neurodivergentes suele beneficiar a todo el equipo. La claridad en la comunicación, la flexibilidad horaria, los espacios de silencio, la posibilidad de personalizar el entorno... son demandas que cualquier trabajador, neurotípico o no, agradece.
Un mundo amable es posible
La implementación de procesos y espacios neuroafirmativos no es solo una cuestión de justicia social. Es una decisión estratégica que mejora la productividad, la retención del talento y la innovación. Cualquiera de estas adaptaciones simples pueden liberar talentos únicos y mejorar el rendimiento de la organización.
La firma del compromiso de FEMEEP con la Dra. Nancy María Itatí Pontón es un primer paso concreto. El desafío ahora es traducir estos principios en acciones cotidianas, empezando por un pequeño cambio, una capacitación, un espacio rediseñado.
Porque, en definitiva, habitar un mundo neurodivergente no es otra cosa que aprender a habitar un mundo más amable. Un mundo donde la diferencia no se tolera, sino que se celebra. Un mundo donde todos, sin excepción, tenemos un lugar.
Por Natalia Jara, directora revista La Andariega

